Cultura e Innovación

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Es sabido que la cultura de innovación no está difundia entre los empresarios. "Las empresas deben acostumbrarse a contratar doctores" dijo recientemente una autoridad del CONICET. Sin embargo, se intenta y espera que los empresarios se acostumbren a contratar científicos, pero paradójicamente, no se mentaliza a los científicos en formación a que planeen una carrera en una empresa privada. Toda la enseñanza de la ciencia está guiada a crear científicos que realizen investigación básica, mientras que no hay materias ni orientaciones pensadas para que el estudiante de ciencias adquiera herramientas que lo capaciten para realizar actividades de transferencia científica.
Son repetidas las quejas de los científicos acerca de que las empresas no tienen planes de I+D, pero luego son los primeros en presentar a la publicación de papers en Science o Nature como la meta más alta que un científico puede realizar. Esa es una concreta y urgente batalla cultural por dar. Por lo pronto, parece que hay algún movimiento en esa dirección.

 
Si se considera bueno que el Estado financie a las empresas para estimularlas y hacerlas competitivas ¿porque parte de ese financiamiento no podría ser la tecnología producida con medios públicos? El problema, claro, sería que ni las empresas lo considerarían un buen financiamiento, ni los investigadores lo verían como una real "investigación". El empresario sólo podría dar una lista de necesidades y sentarse a esperar que el científico las resuelva, y el investigador no tendría la libertad de "irse por las ramas" durante el desarrollo, y probablemente quede atrapado en una evaluación exitista acerca de los resultados de su investigación.

Ciencia, Política y Producción.

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No se invierte en ciencia por el mero hecho de querer conocer el mundo. Se lo hace porque hay sobrada evidencia histórica que un buen conocimiento del mundo es una herramienta que permite un mejor aprovechamiento de recursos, los que poseen semejante conocimiento han tenido una gran ventaja frente a sus competidores.
En el siglo XIX, David Ricardo señaló la existencia de ventajas comparativas: habia lugares que servían más que otros para producir ciertas cosas. Su consejo, es que cada lugar procediera según sus ventajas comparativas y luego buscase poner a buen precio su producto en el mercado. A Inglaterra, en el esquema ricardista, le tocó producir bienes industriales, al resto del mundo, materias primas. Y era lógico: en ese momento sólo Inglaterra poseía la capacidad tecnológica de producir industrialmente. Para Ricardo, era impensable que un negro africano, un asiático, un nativo o un mestizo americano aprendiera la ciencia necesaria para poder desarrollar las industrias. Eran considerados mentalmente inferiores e incapaces de aprender las sutilezas que la tecnología requería. Hoy sabemos que no es así.
En tiempos de Ricardo, el único valor que tenían las mercancías eran el que poseían al ser cosechadas, más el que se les agregaba en el proceso industrial. El valor, era principalmente algo naturalmente producido. Hoy sabemos que no es así. Edison, Ford, Bill Gates, Steve Jobs, son ejemplos de inventores, de creadores genuinos de valor (¿porqué todos son también ejemplos de capitalistas?). Cuando se inventa un producto como los que ellos hicieron, hay una creación artificial y objetiva de valor. Ese valor no es extraído de ningún lado, no procede de plusvalía alguna, no es transferencia de trabajo de una clase social a otra. Hay creación pura y dura de valor. Y no depende del lugar donde se viva. Se puede innovar tecnológicamente en una llanura húmeda apta para el cultivo, como en un área montañosa, como en un desierto. Ese valor depende de la capacidad de los recursos humanos, no de los naturales.
El objetivo de Ricardo era crear la mayor cantidad posible de valor, en su contexto era lógico que la forma de colocando la producción en la máxima sintonía con las ventajas naturales. Como el único valor que se poseía era el de la naturaleza, cuanto mas valor extraigamos de esta, mejor. Hoy en día, el grueso del valor no es el que proveiene de la naturaleza, es el que agregan los hombres. Sin embargo, la naturaleza, le da un cierto valor base a la materia prima: la soja, el azúcar, el limón son mejores si se cosechan en Argentina que en Brasil. El café es a la inversa. Pero puede ser que el valor base obtenido de producir a partir de esa ventaja natural, sea mucho menor que el producido artificialmente por algún proceso sin base alguna en una ventaja comparativa.

En resumen ¿para qué invertir en ciencia?. Para liberar a la producción de valor de sus límites naturales.

Experimentos mentales y demandas insatisfechas

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Los experimentos mentales, si están bien planteados, suelen aportar con notable elegancia y economía material, corroboraciones o refutaciones de teorías o conjeturas. Sin embargo, si están DEMASIADO bien planteados, terminan sustituir el contacto con la realidad reemplazándolo por algún tipo de razonamiento estándar y suelen predisponernos a no ver hechos que los refutan o muestran su insuficiencia (el famoso sesgo de confirmación).
La idea de que la librecompetencia es la mejor situación para producir y progresar suele hechar mano a ese tipo de experimentos mentales MUY bien planteados y lógicamente consistentes: si no regulamos nada, cada uno buscará lo mejor para sí. Con cada persona proponiendo y haciendo las suyas, las ideas mejores vencerán a las que no sean lo suficientemente adecuadas a la realidad y así tendremos la imposición de las formas de planificar más óptimas. En particular, el libre juego de la oferta y la demanda hará que las necesidades se satisfagan con calidad creciente y de manera eficaz: si algo sube de precio, es porque se demanda. Entonces personas atraídas por la ganancia que puedan obtener, producirán y ofrecerán esos productos y al mismo tiempo competirán en precio y calidad para ser preferidos por los consumidores. Todo este círculo virtuoso es obstruído si se establecen precios máximos, o mínimos o sólo se permite la puesta en el mercado de cierta cantidad limitada de stock. Así se critica toda regulación que pueda surgir, incluso aquella que esté propuesta con intenciones de una mejor satisfacción de la demanda.
Es interesante ver un contraejemplo a esto: el mercado laboral de los ingenieros actual. Aquí puede verse que el ejemplo de un mercado desregulado. La situación es que no hay ingenieros suficientes y que las empresas pelean por ellos. Por cuestiones gremiales hay sueldos mínimos, pero los sueldos ofrecidos por las empresas superan esos mínimos tan holgadamente que la regulación salarial no afecta al mercado. Frente a este panorama de escasez profesional, las empresas llegan a contratar estudiantes sin que terminen sus carreras. Y una vez trabajando, lo más probable es que el joven abandone sus estudios. De esta manera obtienen el personal necesitado pero al costo de una capacitación más limitada... en contra de lo pronosticado en la teoría, la librecompetencia entre las empresas por contratar ingenieros ¡termina por deprimir la calidad y cantidad de la oferta! En definitiva, la desregulación no muestra como pueda superarse esta situación en la que sobra conocimiento pero faltan conocedores.
Frente a esto, uno se pregunta si realmente algun tipo de regulación sería tan ineficiente como el experimento mental librecambista predice y condena.

Todo lo anterior vino al respecto de esta nota que había leído hace poco. Más links pueden encontrarse aquí.

Armonías

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Muchas veces se habla de armonizar la Religión y la Ciencia, limar asperezas, que los religiosos aprendan un poco de ciencia y que luego la evalúen a la luz de sus creencias y en última instancia, flexibilizar un poco estas últimas a fin de no entrar en contradicción (al menos no directa) con los resultados científicos. Es claro que este enfoque no es sino defensivo: es la Religión la que debe amoldarse a la Ciencia... De forma análoga se habla de armonizar la Religión con la Democracia, o la Religion con los DDHH, o con el movimiento político de turno. Lo cual no deja de ser gracioso (aunque si es entendible ya que todo esto es reclamado por diferentes personas): la Religión no puede ser armonizada con la Ciencia, la Democracia y los DDHH simultáneamente por la sencilla razón de que estos se oponen entre sí: la actividad Científica genera inequívocamente una élite y suele dar lugar (si no se vigila) a la tecnocracia, mientras que el método empírico socaba todo derecho posible (¿alguien ha visto un fundamento material al derecho a la vivienda?¿alguien puede medir el derecho a la autodeterminación individual?). De forma análoga, en pos de la Democracia se suele reprimir investigaciones científicas ligadas a temas como la inteligencia y el color de piel, clonaciones humanas, o la politización de alguna investigación (es patente el caso del IPC) hace que se descuide la faceta metodológica que sustenta los resultados... En resumen la Religión puede compatibilizarse (o mejor dicho, amoldarse) hacia el lado de la Ciencia o de la Democracia o la Política de turno, pero no puede hacerlo simultáneamente.

Soliloquio

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SOLILOQUIO DE HAMLET

SER O NO SER: no es un dilema sino una tautología. A mí no me interesan los enunciados vacíos. Lo que yo quiero saber es la verdad de un enunciado sintético: lo que yo quiero saber es si seré, esto es, si tendré valor para vengar a mi padre.
¿Porqué necesito valor? En verdad, el esposo de mi madre, el rey, es un hombre poderoso y yo arriesgaré mi vida. Pero si puedo convencer a todos de que él asesinó a mi padre, todos estarán conmigo. Si puedo convencer a todos de algo que es tan claro para mí.
¿Porqué es claro? Tengo buena evidencia. El fantasma fue muy concluyente en sus argumentos. Pero es sólo un fantasma. ¿Existe? Es cosa que no podría preguntarle. Quizás lo soñé. Pero hay otra evidencia. Ese hombre tenía un motivo para matar a mi padre. ¡Qué oportunidad de convertirse en rey de Dinamarca! Y el apresuramiento con que mi madre se casó con él. Mi padre había sido siempre un hombre saludable. He aquí un buen testimonio indirecto.
Pero he ahí: nada más que un testimonio indirecto. ¿Puedo creer lo que sólo es probable? Es aquí donde me falta el valor. No es que me atemorice el presente rey; de lo que tengo miedo es de hacer algo fundándome en una pura probabilidad. El lógico me dice que una probabilidad no tiene sentido para un solo caso. ¿Cómo puedo entonces obrar en este caso? He ahí lo que pasa cuando se pregunta al lógico. El matiz propio de la resolución pierde su color con el pálido velo del pensamiento. Pero ¿y si empiezo a pensar después de mi acto y encuentro que no debía haberlo hecho?
¿Es tan malo el lógico? Me dice que si algo es probable puedo convertirlo en supuesto y obrar como si fuera verdad. Al hacerlo estaré en lo cierto en la mayor parte de los casos. Pero ¿estaré en lo cierto en este caso? No hay respuesta. El lógico dice: "Obra. Estarás en lo cierto en el mayor número de casos."
Veo una solución. Haré más concluyente la evidencia. Realmente es una buena idea: esa representación que voy a poner. Será un experimento decisivo. Si lo asesinaron, no podrá ocultar sus emociones. Eso es buena psicología. Si la prueba resulta ser positiva, sabré todo lo que ha sucedido. ¿Os dais cuenta de lo que quiero decir? Hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que has soñado en tu filosofía, mi querido lógico.
¿Lo sabré con toda certeza? Veo tu sonrisa irónica. La certeza no existe. La probabilidad aumentará y mi supuesto tendrá más valor. Puedo contar con un porcentaje mayor de resultados correctos. Eso es todo lo que puedo alcanzar. No puedo dejar de plantear un supuesto. Yo quiero certeza, pero todo lo que el lógico tiene que darme es el consejo de construir supuestos.
Heme aquí, el eterno Hamlet. ¿De qué me sirve preguntar al lógico, si todo lo que él me dice es que haga hipótesis? Su consejo confirma mi duda en lugar de darme el valor que necesito para obrar. La lógica no se ha hecho para mí. Es necesario tener más valor que Hamlet para ser siempre guiado por la lógica.


Hans Reichenbach.
La Filosofía Científica. México, Fondo de Cultura Económica, 1967, segunda edición, cap XV.

Cómo y Porqué

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Cuando un científico quiere explicar un hecho, busca su porqué; luego sistematiza la respuesta en términos de causa y efecto, o en términos de una mejor descripción del hecho. Kepler respondió a la pregunta por la trayectoria de los planetas describiendo con una elipse sus órbitas; Galileo hizo lo suyo al explicar cómo la trayectoria de las balas de cañón eran descriptible con una parábola; Lavoisier mostró la presencia de oxígeno como la causa de las combustiones; Darwin señaló cómo la selección natural daba lugar al cambio en las especies; etc. Lo que se suele criticar de las explicaciones científicas es que responden a cómo suceden los hechos pero no a su porqué. Luego declaran que el porqué de las cosas está fuera del alcance de la Ciencia, y que esa es una cuestión que deben responder la Moral, la Religión o la Doctrina de turno. Podemos coincidir con la primera crítica: las explicaciones científicas se sistematizan y responden en términos de cómo ocurre y se desarrolla un determinado hecho. Pero en cuanto a la segunda crítica, debemos cuestionar firmemente la diferencia entre un "cómo" y un "porqué". Intuitivamente pareciera que el "cómo" exige una descripción como respuesta, mientras que el "porqué" sólo se satisface señalando alguna "intención" o fin último del objeto o evento a explicar. Pero las intenciones no son un objeto físico. Al preguntar "porqué" en vez de "cómo", lo que hacemos es dar lugar a formas instintivas de pensamiento, formas de pensamiento consistentes en dotar a la naturaleza, los objetos y los hechos de personalidad, carácter e intención. Y este enfoque antropocéntrico, es una de las cosas de las cuales el pensamiento científico intenta liberarse. Pero la ciencia la hacen los hombre, por lo que esta liberación no es del todo posible, no existe nada parecido a un método fijo para evaluar la mentalidad con la que se plantean teorías. Pero una forma de lograr parcialmente este objetivo, es responder "cómo" y desdeñar, aún cuando el sentido común nos regaña, los "porqué". Y funciona.

Nota: sospecho que quizás, el hábito de preguntarse "porqué" en vez de "cómo" constituya un real obstáculo epistemológico.

Biología y Belleza

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Hay dos opiniones comunes acerca de la estética, el arte y la belleza: la primera sostiene que realmente existe la belleza, y que las obras de arte pueden ser objetivamente valoradas según cuan bellas sean. La segunda supone que la belleza es algo cultural, relativo y que el estatus estético de una obra de arte está reducido al juicio de la sociedad (o sus líderes)... la primera lleva al autoritarismo estético y esencialista: sólo aquellos que han pasado mucho tiempo dedicados a la crítica pueden acceder a la experiencia contenida en la obra, sino percibimos la belleza, es porque no hemos llegado al nivel necesario... la segunda, al afirmar un "todo vale", explica todo pero no afirma nada, no permite explicar las diferencias en la percepción, el estatus subjetivo de una obra, la evolución de las corrientes artísticas, porqué siempre hay algo llamado arte...

En los últimos años, aparece una tercera vía, pero exige considerar a la biología, los mapas genéticos, la historia natural... y con esas cosas no se puede chamuyar mucho sin quedar en ridículo, no se puede usar palabras como "atravesamiento", "significante", "interpretativo", "desconstrucción", etc. Suficiente razones para que los críticos de las Facultades de Arte y los relativistas de las Facultades de Ciencias Sociales ignoren esta vía.











Reichenbach al rescate

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En 1938 Reichenbach caracterizó la investigación científica dividiéndola en dos etapas o dos contextos por los que atravesaba todo desarrollo científico: primero una etapa o un contexto de descubrimiento, donde el investigador descubría, intuía o simplemente adivinaba un hecho, un nexo causal, una regularidad, una aplicación, alguna línea de pensamiento provisoria; y luego en segundo lugar venía una etapa o contexto de justificación, en el cual el investigador tomaba la idea surgida en el contexto de descubrimiento y la sistematizaba, la comprobaba y la sometía al tamiz metodológico de su disciplina. Mientras el contexto de justificación es sistemático, lógico, deductivo, el contexto de descubrimiento es impredecible, intuitivo, azaroso y depende de factores sociales, culturales, económicos, ideológicos, psicológicos, etc. Y no es casualidad que aquellos que desean subsumir a la Ciencia en el conjunto de las ideologías, desdibujen o simplemente ignoren esta clara distinción: relativizan la actividad científica suponiendo inseparables a las dos etapas y reduciendo la actividad científica a un conjunto de condicionamientos sociales. Lo interesante, es que el contexto de justificación (es decir, la justificación lógica y empírica de las intuiciones) es lo propio, lo característico de la Ciencia. El contexto de descubrimiento no es para nada algo único de la actividad científica, es una característica compartida con las ideologías, con la teología, con el arte. La historia del arte y del pensamiento humano está plagada de anécdotas donde un individuo tiene de repente una iluminación, un chispazo, un momento donde aparece de la nada y de forma impredecible algún concepto o alguna idea. La mente de un teólogo se ilumina de repente y comprende una nueva faceta de su dios, el filósofo intuye un nuevo concepto, al artista se le ocurre una nueva obra, etc. Pero lo que distingue a la ciencia de las otras actividades del pensamiento humano, es lo que hace a continuación de esas intuiciones: sistematiza, justifica empírica y lógicamente lo descubierto, predice nuevos hechos, y si lo intuído deriva en contradicciones, comienza nuevamente el proceso en vez de caer en fórmulaciones paradójicas... y eso marca una clara diferencia de la Ciencia con el resto de las disciplinas humanas.

El esquema anterior es simple, quizás un poco pobre (hay quienes agregan un tercer y cuarto contexto: el de divulgación y el de aplicación). Pero la idea Reichenbach marca claramente hasta donde influye el entorno social en la investigación científica, y hasta dónde esta puede ser caracterizada de "ideológica"...

La Ciencia Paria II

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Al respecto de lo anterior, leyendo "El Mundo y sus Demonios" el autor comentaba que "Los científicos nazis, como el físico premio Nobel Johannes Stark, distinguían la imaginaria y caprichosa «ciencia judía», que incluía la relatividad y la mecánica cuántica, de la realista y práctica «ciencia aria»." y que en Rusia "a mediados de la década de los treinta, un charlatán llamado Trofim Lysenko había llamado la atención y luego conseguido el apoyo entusiasta de Stalin. Lysenko argüía que la genética —a la que llamaba «mendelismo-weissmanismo-morganismo», por el nombre de algunos de sus fundadores— tenía una base filosófica inaceptable y que la genética filosóficamente «correcta», una genética que prestara la atención debida al materialismo dialéctico comunista, daría resultados muy diferentes." (pag 252)
Ambos son casos de lo señalado aquí, consecuencias de la idea de que la Ciencia puede adquirir rasgos autóctonos del lugar donde se investiga o rasgos de la persona que investiga o financia el proyecto en cuestión. Esta idea además de peligrosa (el "affair" de Lysenko en la URSS terminó con varios biólogos genéticos en Siberia), es un campo de error en el que se suele caer, incluso yendo por caminos que en principios parecieran simpáticos: Oscar Varsavsky elogiaba, en el que pareciera su único ensayo difundido "Ciencia, Política y Cientificismo", la sociología de los Black Studies realizadas por algunos estudiantes afroamericanos de los EEUU que "se rehusan a caracterizar a los grupos sociales con las variables usadas por los sociólogos blancos, porque ellas no siempre son las más útiles para comprender lo que ocurre,por ejemplo, con las familias negras. Las variables que describen a la familia negra deben ser elegidas teniendo en cuenta sus problemas especiales, los objetivos que persiguen los negros y los instrumentos de acción que ellos pueden manejar.". Perfecto, pero si se cambian los parámetros de la invstigación puede ser por tres causas:
a) los parámetros anteriores hacen una descripción del objeto de estudio contradictoria con los datos empíricos.
b) la explicación, aunque consistente con los datos, excluye ciertos fenómenos que se desean que entren entre el conjunto de lo explicado.
c) o resulta que las explicaciones de la sociología blanca, de alguna manera los ofende (o por razones, que escapan del campo metodológico, les disgustan) y desean dar lugar a una teoría que transforme en conclusiones ciertas ideas a las cuales adscriben previamente.
Los dos primeros casos son legítimos casos de cambios de parámetros dentro de la investigación científica, el tercero no. Pero la línea que los separa es muy delgada y casi siempre es cruzada de forma inconciente por los investigadores o por sus mecenas económicos que desean tener una confirmación científica de alguno de sus prejuicios...
Finalmente, Varsavsky, reitera a lo largo de todo su ensayo que "creo que además que la llamada ‘ciencia universal’ de hoy está tan adaptada a este sistema social como cualquier otra de sus características culturales, y por tanto el esfuerzo por desarrollar la investigación seria del cambio total puede producir, a plazo no muy largo, una ciencia no sólo revolucionaria sino revolucionada.(...) Es cierto pues que la ciencia aplicada no es libre sino dirigida, y que por lo tanto podría ser de otro tipo si se la dirigiera hacia otros fines, como por ejemplo los que hemos mencionado inicialmente.
Pero no se acepta lo mismo para la ciencia pura o básica, para la investigación académica. Es ésta, se afirma, la que tiene ese carácter universal, absoluto, independiente del sistema. ¿Por qué la teoría Cuántica, o la de la Evolución, deberían estar más ligadas a la sociedad de consumo que a cualquier otra? ¿Y quién se atreve a proponer otro ‘tipo de ciencia’, donde tal vez no se habría desarrollado la teoría de la medida o la de los reflejos condicionados?(...)
No es novedad que el sistema influye sobre la ‘ciencia pura’ de diversas maneras. Un nuevo sistema social formado en oposición a éste, tendrá concebiblemente menos interés por el psicoanálisis, la topología algebaraica y la electrodinámica cuántica que por las teorías de la educación, del equilibrio ecológico general del planeta, de la imaginación creadora o de la ética. Esto produce una reasignación de recursos, y por lo tanto un tipo distinto de ciencia."
Hacia el final del texto, en la conclusión, el autor propone que los científicos harán una "ciencia revolucinaria" o "ciencia rebelde" si investigan temas referidos a al abastecimiento de ciudades en medio de una revolución, técnicas de combate al capital, al desarrollo de una banca nacional, a la planificación de la economía, etc. No se en qué sería diferente (amén del objeto de estudio) esta ciencia de la que investigue conjuntos topológicos de funciones, la evolución de los homínidos, o el grafeno a bajas temperaturas... Nuevamente, la "Ciencia Revolucionaria" solo es la aplicación del método científico a objetos de interes social o sectorial...

Pero en el fondo de estas "Ciencias" ya sean "Arias", "Judías", "Afroamericanas" o "Revolucionarias", lo que hay es un deseo de justificar la postura del sector que apelando a su ciencia "propia". Todo esto basado en el razonamiento falaz de que si la ciencia demuestra que tal cosa es posible, entonces es deber realizarla (de ahí, por ejemplo, la insistencia de Varsavsky en proponer ciencias de la independencia cultural).


El texto "Ciencia, Política y Cientificismo" de Oscar Varsavsky

Sociología(?) de la Ciencia

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La historia de la Ciencia es la historia de sus teorías, o mejor dicho, la historia de la aceptación o rechazo de las teorías científicas que la civilización humana ha producido. Y la aceptación o rechazo de una teoría depende en buena parte de cuestiones sociales, pero en modo alguno es reducible a estos factores.
La aceptación de una determinada teoría, esta en principio determinada por lo que enuncia relativo a la naturaleza (explicación de la experiencia disponible, predicción de eventos, promesas de índole tecnológica, etc.) y por su relación lógica con otras teorías (si las complementa, contradice, o simplemente se distancia de ellas). También en este nivel (el de la enunciación) la aceptación o rechazo de la teoría depende del estatus del científico que la propone (si es un novato, alguien extra académico, un repetado investigador, etc.) y de lo sensible que sea en el momento la comunidad a la innovación teórica (sensibilidad que por supuesto pertenece a la situación histórica particular de la comunidad).
Sin embargo, a pesar de que se puede aceptar o rechazar una teoría a partir de su sola enunciación, son numerosos los casos en que esto no ocurre. Lo que ocurre es que a menudo, una teoría luego de su enunciación es puesta a prueba: se le da una oportunidad, se experimenta con ella y la teoría empieza a producir hechos conocidos o desconocidos, aplicaciones, y nuevas predicciones. La valoración de estos "objetos" (valoración que determinará si la teoría es aceptada o rechzada) está sujeta a cuestiones sociológicas; pero la producción de tales "objetos" depende únicamente de la adecuación de la teoría a la realidad, de la relación Teoría-Naturaleza. Y esto es lo que hace que la historia de la Ciencia sea irreducible a las condiciones sociales en que se desarrolla, y por ende, ni la Ciencia ni su status pueden explicarse (ni discutirse) en términos meramente políticos, económicos o sociales. La sociología podrá explicar porque los hechos de una teoría fueron socialmente más valorados que los de otra, pero es necesario introducir términos físicos que expliquen porque cada teoría dio lugar a tales hechos y no otros.

La Ciencia Paria

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Quienes claman por una mejor articulación entre Sociedad y Ciencia, no suele percatarse de dónde provienen y cómo se desarrollaron los automóviles que conducen, la computadora donde trabajan, los alimentos transgénicos que consumen, el televisor con el que se entretienen, la ropa de tejido sintético que visten, los antibióticos que ingieren cuando enferman, etc... Sin embargo, todo esto que legítimamente puede ser denominado "articulación", no es tenido en cuenta. Pareciera que se tiene una idea mística de lo que es o debiera ser la articulación entre la Ciencia y la realidad social en que se produce, una idea de que la Ciencia de alguna manera debería adquirir rasgos autóctonos de la sociedad que la financia. Entonces los alemanes tendrían su ciencia alemana, los norteamericanos su ciencia yanqui, los chinos su ciencia china y nosotros nuestra ciencia Nac&Pop. Esta pareciera ser una de las propuestas que Varsavsky expuso en su muy difundido ensayo "Ciencia, Política y Cientificismo".
Lo interesante es que al llevar esta idea a la práctica no puede hacerse mas que financiar alguna investigación científica sobre un objeto autóctono: en vez de estudiar, como hacen en el Norte, el grafeno y su comportamiento a temperaturas cercanas al cero absoluto, hagamos que se investigue la composición química del huevo de ñandú. Pero de esta manera jamás obtendríamos esa Ciencia N&Pop que se desea. La única característica de la Ciencia es su método de investigación, ni siquiera su objeto de estudio. Al estudiar científicamente objetos regionales, no haríamos mas que introducir variables locales en una receta estándar de investigación... Ahora bien, dedicar recursos financieros y productivos a la investigación y desarrollo a problemáticas regionales a fin de darles solución es algo completamente válido. Pero ello no produciría ni una Ciencia Argentina, ni un Saber Nacional ni nada parecido, ni sería incompatible con lo que hayan hecho los alemanes, los nortemericanos o chinos: todos en el fondo habríamos hecho lo mismo: aplicar el método científico.

Sobra Conocimiento, faltan Conocedores

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En la facultad, entre profesores y alumnos, uno puede notar cierto fastidio y resentemiento hacia las empresas locales por contratar ingenieros y no científicos (matemáticos, físicos, químicos, etc.) . Lo que percibo, es que en la base de este (casi siempre inconciente) resentimiento, se encuentra la creencia de que existe un derecho natural de las personas a trabajar en lo que les guste y ganar buenos sueldos por ello. Eso es falso, no existe nada parecido a tal derecho, y en última instancia, descreo que daban ser las empresas las encargadas de satisfacerlo.
Y esto no solo ocurre en el terreno de la matemática, lo mismo ocurre en áreas de la física, química y la biología. Por mas que se hable de "vinculación", "articulación" y "complemetariedad" entre el sector público y el privado en materia científica y tecnológica, esto no pasa de ser un asunto sin impactacto significativo en el mercado laboral científico (a los sumo alguna pasantía). Pero todo esto es lo lógico y naturalmente esperable. Pensemos que podría hacer un matemático, un físico, un biólogo en una empresa: investigar, desarrollar tecnología privada, mejorar lo existente y en última instancia, innovar. Por otro lado fijémosnos cuál es el principal problema de las empresas (tanto públicas como privadas): la falta de ingenieros.
El país en el puesto 43 en cantidad de estos profesionales por habitante. En los países desarrollados (que también tienen déficit de ingenieros) la proporción es de 1 cada 2500 habitantes, aquí de 1 cada 8000. En el futuro necesitaremos 1 cada 5000, lo que implica tener que duplicar la cantidad de ingenieros recibidos anualmente (87 por año).(1). Aunque en este aspecto, Argentina esta mejor que Brasil, que acusa un déficit de 20000 ingenieros por año (2).
Por otro lado, consideremos que el ingeniero no desarrolla nuevo conocimiento, se limita a aplicar viejas tecnologías. Cuando el trabajo del ingeniero muestra las falencias de las técnicas y modos de producción existenentes, es cuando está preparado el terreno para la innovación. Es entonces cuando las empresas recurren a científicos (matemáticos, físicos, químicos, etc.) y grupos de desarrollo tecnológicos para que hagan investigación de base y, finalmente, mejoren lo existente o innoven. Pero esto último solo ocurre cuando es evidente la obsolencia (total o relativa) de los viejos métodos utilizados.
Ahora bien, si las empresas argentinas apenas tienen ingenieros para aplicar viejas tecnologías ¿porqué habrían de invertir en el desarrollo de nuevas?
Insistir en la contratación de matemáticos y físicos en la coyuntura actual es intentar contruír la casa por el techo: sin embargo eso es la insistencia generalizada que se escucha en cualquier Facultad, en un claro ejemplo de la desconexión del ambiente Académico con la realidad productiva del país (desconexión que muchas veces se denuncia pero pocas se exhibe con ejemplos concretos). Y esta insistencia también ha sido una de las falencias de la política científica actual. El .Dr. Eduardo Charreau comenta "El esfuerzo que se ha hecho por parte del Estado (para incentivar I+D en las empresas) es considerable. Pero también, no son muchas las empresas que han estado capacitadas o han querido tomar ese tipo de desafíos. Generalmente son aquellas empresas que ya estaban realizando I+D con cierta salida importante, con experiencia en ello que ha tomado estos instrumentos y profundizado la tarea que venían realizando. "(3).
Evidentemente, hay un proceso que comienza con la contratación de ingenieros y la aplicación de técnicas ya desarrolladas y que desemboca (exito empresarial mediante) en la necesidad y/o conveniencia de la investigación básica y aplicada por parte del sector privado y público. Este es un proceso que no puede saltearse etapas, pero si puede acelerarse su velocidad de desarrollo, y ese quizás debiera ser el objetivo de la política científica.



Notas:
(1)http://management.iprofesional.com/notas/118220-Ingenieros-las-empresas-pagan-sueldos-muy-altos-pero-es-una-misin-imposible-encontrarlos

(2)http://noticias.terra.com.ar/deficit-de-ingenieros-desafia-ambiciones-de-brasil,2611d734b3b43310VgnVCM3000009af154d0RCRD.html

(3)http://server.innovat.org.ar/?p=636

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